8-M. Huelga feminista


(Dos mujeres, unas niñas y algún hombre. O por qué soy feminista.)

1. Mi madre 

Una mañana soleada, a primera hora, mi madre me tomó de la mano y me llevó hasta la calle Ferrers, en la otra punta del pueblo. Yo tenía tres años. Hacia el final de la calle se detuvo y señaló un edificio de ladrillo visto.

—¿A qué colegio quieres ir? —me preguntó mi madre—. ¿A este —dijo, señalando el edificio de ladrillo visto—, o a este otro? —y señaló el edificio contiguo, separado del primero por una callecita.


El edificio de ladrillo visto era nuevo, bonito, y le daba de lleno el sol. El edificio contiguo quedaba en la sombra, y era un tétrico caserón de ventanas con barrotes. En realidad, era un colegio de monjas, aunque parecía una cárcel. 


—A este —respondí, señalando el edificio de ladrillo visto.


Mi madre me enseñó a elegir. 


Fue mi primera lección y quizá la más importante de mi vida.



2. Doña Carmen
El edificio de ladrillo visto era las Escuelas Nacionales (hoy Escola Pública Estalella i Graells), construido en 1956, un año antes de que mi madre me llevara allí. Su director era el señor Sendra (o Cendra), un señor bajito, calvo, de apariencia afable. En las Escuelas Nacionales empleaban el método Montessori. Los historiadores de la enseñanza quizá puedan explicarnos cómo es posible que en las Escuelas Nacionales de Vilafranca, todavía en la posguerra, se utilizara el método Montessori. Por mi parte, no tengo ni idea (*). Nos enseñaban a abrocharnos la bata, atarnos los cordones de los zapatos y encajar unas piezas de madera de colores. Aprendí a leer y a contar a los tres años. "Mi mamá me mima", "Mi papá fuma en pipa". La maestra era doña Carmen.


En las Escuelas Nacionales estuve interno a media pensión desde los 3 a los 6 años. Aborrecí el huevo frito. Cada mañana me llevaba al colegio una niña mayor y a las seis de la tarde me recogía mi abuela materna. Antes de entrar a clase los niños formábamos en el patio del colegio y escuchábamos firmes el Himno Nacional. 


Doña Carmen tenía una paciencia infinita. En su mesa estaba la maquinita sacapuntas y los niños le llevábamos el lápiz para que lo afilara.


A mi madre le dijo que era un niño muy sensible y que debía prestarme más atención. Bien por doña Carmen.

(*) En 1934 María Montessori abandonó la Italia de Mussolini y se estableció en Barcelona, donde ya hacía años que se había introducido el método Montessori en muchas escuelas. Luego, con la guerra de España marchó a Holanda.


 Escuelas Nacionales (hoy Escola Estalella i Graells) - Grupo Escolar Niños (C/ del Carme).
Finales de los años 60


3. Las niñas del orfanato
El recuerdo más entrañable de mi infancia son las niñas del orfanato de las hermanitas. El orfanato ocupaba un bonito edificio modernista de ladrillo en la calle Ponent (hoy un jardín de infancia), a pocos pasos de mi casa en la calle Ferran. Ahí a veces me enviaba mi madre a comprar huevos: tocaba la campanilla de la puerta de entrada, salía a abrir una hermanita, y poco después reaparecía con media docena de huevos.


Las ventanas de la parte trasera de mi casa (un tercer piso) daban no muy lejos al patio del orfanato. Toda mi vida me ha acompañado
y seguirá acompañándome siempre la alegre algazara de las niñas en el patio del orfanato, cantando en corro: "Dónde están las llaves..." Todavía hoy cierro los ojos y oigo las voces infantiles... ¿Por qué están tan hondo en mi corazón?


4. El señor Zafrilla
Mi padre trabajaba en una farmacia cerca del Ayuntamiento. El dependiente y encargado de la farmacia era el señor Zafrilla. Mi padre era auxiliar y preparaba los medicamentos en la rebotica, ayudado del libro de fórmulas magistrales. El recuerdo que tengo de mi padre es sentado con su bata blanca frente a un mostrador de mármol, y sobre el mostrador la balanza de precisión (aunque mi padre apenas utilizaba las pesas: todo lo pesaba a buen ojo) y el mortero y el vidrio y la espátula para preparar los ungüentos y pomadas. 


El señor Zafrilla era un hombre alto y enjuto, con una voz atronadora. Era viudo y vivía con una ama de llaves en la plaza del Oli. Tenía una autoridad innata. El señor Zafrilla era una institución en Vilafranca. Los payeses de los pueblos de los alrededores acudían a la farmacia para consultarle sus achaques. El señor Zafrilla atendía a todos. 


El señor Zafrilla consideraba a mi padre como a un hijo. El afecto era mutuo.


El señor Zafrilla reunía sellos de correos usados para ayudar a los "chinitos", según decía. Yo no sabía qué hacía luego con los sellos, ni quiénes eran aquellos "chinitos" ni por qué había que ayudarles, pero le traía todos los sellos que pillaba. Si el señor Zafrilla reunía sellos usados para ayudar a los "chinitos", no había discusión.


Yo no sé cuántos padres he tenido, si uno o dos. 


*

La libertad de mi madre, la paciencia de doña Carmen y la alegría de las niñas. A ellas les debo todo.

Retalls d'història. Dr. Josep Estalella i Graells  (Vilafranca del Penedès, 1879 - Barcelona, 1938)



—El 8-M —dijo Meneses— ha sido una protesta generalizada contra 80 años de nacionalcatolicismo y una advertencia a quienes pretenden regresar explícitamente otra vez a él.

Sin embargo siguió diciendo Meneses—, lo que también me gustaría ver es un movimiento de iguales o mayores dimensiones por la República y la democracia. Que sea pronto.
 

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