Historias de la España vaciada, 4: Segovia


Segovia. (Fotografía: J.D.)

Hace unos años M. me llamó por teléfono. M. es segoviano y gran amante y conocedor de su ciudad, incluso ha publicado varios libros relativos a Segovia. Estuvimos largo rato hablando, especialmente en torno a Antonio Machado que suele ser el tema de nuestra conversación.

Pero en realidad, M. me llamaba para un asunto particular, y después de varios circunloquios se decidió a revelarme un secreto relativo a Antonio Machado y la proclamación de la República en Segovia. Ahora bien, como el asunto involucraba a una influyente familia segoviana, nunca se había atrevido a divulgar el sucedido en cuestión, por si acaso perjudicaba a dicha familia. Sin embargo, tampoco deseaba —deduje yo— que el secreto se perdiera en el olvido, y por eso se había decidido a contármelo a mí como estudioso de Antonio Machado.

Después de que me revelara la confidencia, he de decir que se trata de una anécdota casi irrelevante. Ahora bien, lo que quizá a nosotros nos parezca irrelevante, en las pequeñas ciudades, como Segovia, puede tener una enorme trascendencia.

Por mi parte, le explico a M. que no me convence la estatua de Antonio Machado que habían instalado en la plaza Mayor, con una panza que nunca tuvo en Segovia, un cabezón exagerado, con un labio inferior enorme y una papada que no sé de dónde habrán sacado. ¿Seguro que mide 1,85 la estatua? No me lo pareció... Además, qué insistencia en retratar siempre a Machado casi sexagenario. Cuando fue a Segovia tenía 44 años, era aun relativamente joven, y estaba delgado, aunque era alto y corpulento (Jorge Guillén, con toda su mala uva, escribió en una crítica de aquellos años que era el poeta más grande de España...). ¿Por qué no retratarlo con el aspecto que tenía cuando llegó a Segovia? No será por falta de fotografías de la época... 


Merece la pena comparar la escultura de Machado en la plaza Mayor con el retrato que le hizo Leandro Oroz en 1925, bastante más fiel a la realidad. Claro que a lo mejor lo mismo da Julio César que Julián Cerezas, lo importante es inaugurar algo y vender morcillas. Antonio Machado se ha convertido en un simple reclamo publicitario. Segovia, le digo a M., ya no es lo que era en tiempos de Machado, de la Universidad Popular y de la tertulia en el taller del ceramista Fernando Arranz... 

Retrato de Antonio Machado por Leandro Oroz (1883-1933),
fechado 16 junio 1925. (Fundación José Ortega y Gasset.)

M. me cuenta que él hace muchos años que asiste a una tertulia en Segovia. "Aunque allí todos son muy conservadores, por no decir carcas
me dice. Para que te hagas una idea, fíjate si son carcas que para ellos Franco era de izquierdas."

He ido muchas veces a Segovia. Es una de mis ciudades preferidas de siempre. También lo fue para Antonio Machado, que a excepción de Madrid es la única ciudad en la que estuvo realmente a gusto en los años en que vivió allí. Segovia siempre ha sabido conjugar tradición y modernidad, por lo menos hasta hoy, lo cual imprime a Segovia ese carácter tan singular.


Calle Real hacia 1920 a la altura de la iglesia de San Martín.
Al fondo, la catedral. (Fotografía: Otto Wunderlich.)

Lo primero en Segovia es dar un paseo por la calle Real (oficialmente, Juan Bravo en su tramo central). Del Azoguejo a la plaza Mayor, y viceversa, con parada a mitad de camino para admirar, por enésima vez, la iglesia románica de San Martín. En todas las ciudades castellanas hay una calle donde la gente va a pasear arriba y abajo, saludar a los conocidos, detenerse a charlar con unas amistades, o incluso de vez en cuando mirar algún escaparate cuando renuevan el aparador... La calle Mayor en Palencia, la del Collado en Soria, la Rúa Mayor en Salamanca... Por cierto, en la calle Real, casi a la altura de la Casa de los Picos, aun existe la misma librería Cervantes donde Antonio Machado compraba sus libros. También en Soria aun sigue abierta la librería Las Heras, en la calle del Collado, donde Machado encargaba sus libros hace más de cien años.

En Segovia a veces me alojo en el Hostal Fornos, cerca de la plaza Mayor, regentado por unos jóvenes que tuvieron el valor de restaurar el antiguo hotel de principios del siglo XX y uno de los escasos ejemplos del modernismo en Segovia. Hace años, cuando trabajaba sobre Antonio Machado y pasé varios días en el Archivo Municipal, en un periódico encontré la noticia de la visita de Unamuno a la ciudad para pronunciar una conferencia en el teatro Juan Bravo (el 24 de febrero de 1922), y decían que se había alojado en aquel mismo hotel. Saqué una fotocopia de la noticia y se la entregué a la recepcionista, que la enmarcaron y colgaron a la entrada del hostal.


Patio de una casa segoviana en la calle Escuderos. (Fotografía: J.D.)

Actualmente hace tiempo que no voy a Segovia, y la última vez estuve solo muy de paso. Pero me dio la impresión de que Segovia se ha ido convirtiendo en un barrio periférico de Madrid. O, peor, en un parque temático a las afueras de la capital adonde se va a beber los fines de semana y a desahogarse. Solo es una impresión fugaz y ojalá me equivoque. Sería nefasto que Segovia sucumbiera también al turismo masivo que ha destruido el litoral mediterráneo, convertido en un parque temático para el desahogo de media Europa.

La turistificación agresiva, es decir, ese destrozo de pueblos y ciudades como lugares habitables, forma parte también del mismo proceso de deterioro de la España vaciada.


Pedraza. (Fotografía: J.D.)

Para acabar esas líneas añadiré que en Segovia es obligado probar los judiones de la Granja y en el pueblo cercano de Riaza el lechazo asado, el mejor del mundo, además de visitar la población medieval de Pedraza y la ermita de San Frutos sobre las hoces del Duratón.

Ermita de San Frutos sobre las hoces del Duratón. (Fotografía: J.D.)

Muchas cosas más podría decir de Segovia, y probablemente insistiré en otras notas.

¿Y el secreto?

14 de abril de 1931. Una comitiva encabezada por Rubén Landa,
Antonio Machado y Antonio Ballesteros, de la Agrupación al Servicio de la República, había salido de la Casa del Pueblo en la calle de los Gascos, y tras cruzar la plaza del Azoguejo ascendía por la calle Real hacia la plaza Mayor. A cierta altura de la calle Real, desde un balcón llamaron a Antonio Machado para que subiera a la vivienda. Allí, Agustín Moreno, médico y catedrático de ciencias naturales en el instituto, entregó a Machado una bandera republicana que poco después sería izada en el balcón del ayuntamiento de Segovia, en la plaza Mayor.

Años después, en plena guerra, Antonio Machado recordó así aquel día:

Fue un día profundamente alegre —muchos que éramos viejos no recordábamos otro más alegre—, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.

Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el ayuntamiento la bandera tricolor. Se cantó La Marsellesa; sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo. Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor, turbó la paz de aquellas horas. La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter.


Así recuerdo yo el 14 de abril de 1931.


(Antonio Machado, "El 14 de abril de 1931 en Segovia", alocución en el programa radiofónico La Voz de España, publicada en el boletín homónimo en abril de 1937.)


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