—El problema territorial
de España tiene una solución bien sencilla, si se miran las cosas de
manera fría y objetiva: bastaría con dejar que Cataluña, el País Vasco y
quizá Galicia, expresaran ellos, y solamente ellos, cuál es la relación
que desean establecer con España. Esa relación podría ser A, B, C, D,
E... o ninguna. Simple ¿no?
Este es el Estado plurinacional.
Entonces, ¿cuál es el problema?
El obstáculo para una solución al problema territorial de España es el
nacionalismo fascista español. Digo "fascista" porque el nacionalismo
español actual proviene de la dictadura protofascista de Miguel Primo de
Rivera, y desde entonces este nacionalismo (que algunos llaman
"conservador" o de "derechas") se ha mantenido extremadamente activo
hasta el día de hoy, pasando por la República y la larga dictadura de
Franco. Actualmente en España no hay más nacionalismo español que el de
la España Una, Grande e Indivisible, y si alguien conoce otro
nacionalismo español le agradeceré que me lo advierta, porque siempre se
aprende algo.
Al nacionalismo fascista español
de Primo de Rivera confluyó otro nacionalismo español, que podríamos
llamar "progresista", el cual tuvo su origen con los liberales
afrancesados que promulgaron la Constitución de Cádiz de 1812 (la Pepa),
siguió una línea sinuosa y muy sobresaltada en el siglo XIX, siempre
enfrentado con la monarquía absolutista, y culminó en el fértil
movimiento regeneracionista (Giner de los Ríos, Joaquín Costa, Macías
Picavea...) y la Institución Libre de Enseñanza, para finalmente con la
Primera Guerra Mundial producirse una acusada derechización del
nacionalismo español (Fiesta de la Raza, instaurada por Maura en 1918,
etc., o en otro plano el breviario prefascista España invertebrada de Ortega y Gasset, publicado por entregas en El Sol entre 1920-22) hasta desembocar y fundirse
con el nacionalismo protofascista de Primo de Rivera. No hay que
olvidar que Miguel Primo de Rivera fue, ante todo, un
"regeneracionista". El nacionalismo español, que en sus orígenes empezó
siendo revolucionario, poco más de cien años después acabó transmutado
en fascista (*). Así que el nacionalismo español actual, sea del PSOE o
de C's es tan fascista como el del PP, digan lo que quieran, porque
desde los años 20 del siglo pasado no hay otro nacionalismo español que
valga. El PPSOE-C's más que "bloque constitucional" debería llamarse
"bloque nacionalcatólico". Y ahí es donde estamos. Hasta que no sea
liquidada y enterrada la España Una (enaltecida y consagrada en la
Constitución de 1978) no es posible ninguna solución al problema
territorial de España. Pasarán mil años y en Cataluña y el País Vasco
habrán los mismos conflictos de encaje en el Estado.
Este es el gran problema político
español. No hay otro (**). Azaña, en las Cortes Constituyentes de 1931,
tuvo que lidiar con él, y emplearse a fondo. ¿Habrá hoy en España una
cabeza tan bien amueblada como la de Azaña? Por supuesto que las hay, y
no una, sino de sobra. Esa es nuestra gran esperanza. Porque lo grave no
es que haya problemas políticos difíciles y complejos, sino que no haya
políticos que estén a la altura de estos problemas. Quizá estemos más
cerca de lo que pensamos de dar una solución definitiva a un conflicto
que lleva arrastrándose más de cien años, y a veces con lamentables
episodios violentos por parte del Estado, para vergüenza y oprobio de
todos.
Coda. El PSOE, ya que ahora dice ser "la izquierda", haría bien en descabalgarse del nacionalismo fascista de la España Una.
(*) Es una temeridad condensar en
seis líneas el nacionalismo español de los siglos XIX y primer tercio
del XX, que, en líneas generales, no dista mucho de otros nacionalismos
europeos: véase José Álvarez Junco, Dioses útiles. Naciones y nacionalismos
(2016). Lo atípico en España es la larga dictadura de Franco, que
sobrevivió a los juicios de Nuremberg, y nos ha dejado en herencia un
nacionalismo español fascista que permanece intacto, porque no ha habido
ningún proyecto de renacionalización. A ese respecto, dice Álvarez
Junco: "Los vencedores de la guerra civil (...) llevaron a cabo, desde
el primer día, el plan nacionalizador más intenso con el que nadie
hubiera soñado nunca. Fue una campaña que siguió en buena medida los
moldes del primorriverismo, aunque dejara chiquito a éste por su
magnitud y carácter coactivo" (p. 187). Y ahí es donde estamos todavía.
(**) Bueno, sí hay otro, también de envergadura: la monarquía, la forma política del Estado.
Lecturas recomendadas
- Ramón Cotarelo, La nación de las izquierdas (21-6-2017)
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