12 de septiembre de 2017

(El referéndum, kilómetro 0 del proceso constituyente en Cataluña.)

"Sin referéndum falta el oxígeno imprescindible para que pueda existir
un debate político" (Javier Pérez Royo)


—Los catalanes nos hallamos inmersos en lo que podemos calificar de proceso constituyente, el cual debería desembocar en una nueva relación de Cataluña con el Estado. Lo aberrante es que este proceso constituyente se organiza al margen del Estado, con lo cual queda exclusivamente orientado de manera perversa hacia la independencia de Cataluña, negando los derechos políticos a gran parte de los catalanes, no independentistas (de momento). El primer responsable de esta aberración es, desde luego, el gobierno del Estado, el cual ha cerrado todas las vías de solución política, empezando por la indispensable negociación de un previo referéndum en Cataluña para que los catalanes decidamos si queremos seguir formando parte del Estado o no.

Este referéndum, realizado de forma pactada con el Estado y cumpliendo con todos los requisitos que recomiendan las convenciones internacionales al respecto, es el kilómetro 0 de un inevitable proceso constituyente en Cataluña acordado con el Estado. Es una reclamación mayoritaria de los catalanes, y lo fuerte es que tarde o temprano estoy convencido de que tendrá lugar, porque en un Estado democrático no es posible ningunear de manera permanente la voluntad de prácticamente toda la población de una Comunidad Autónoma. Sin embargo, si se impide el referéndum, como parece ser la determinación del gobierno, el independentismo acabará por asfixiar todo el espacio político en Cataluña, y si eso ocurre será muy difícil o imposible una salida al conflicto: este quedará enquistado de manera crónica entre un Estado represivo (¿contra quién?, ¿contra el 80 % de los catalanes?) y una Cataluña con el independentismo como única opción política aceptable. Esta situación es, evidentemente, la peor pesadilla, tanto para Cataluña (dividida y enfrentada políticamente) como para España, enfrentada de manera estúpida contra Cataluña. Y ahí, por el momento, es donde estamos. Y aunque el gobierno del PP crea que puede obtener réditos políticos de este indeseable y peligroso conflicto, se equivoca completamente.

¿Qué debería hacer el gobierno del Estado, sea del color que sea? Dejarse de "Frentes Nacionales" y ESCUCHAR A LOS CATALANES. Negociar el referéndum que reclama el 80 % de los catalanes, y que, como dice Pérez Royo en su artículo, es la CONDICIÓN SINE QUA NON para una solución política (es decir, pacífica) al conflicto de Cataluña. Si este referéndum no se lleva a cabo, lo único que conseguirá la política "neocolonialista" represiva del PP en Cataluña es dejar sin discurso a los no independentistas y ceder todo el campo político a los independentistas, con lo cual el conflicto se enquistará y envenenará, con consecuencias imprevisibles y desastrosas para todos. La cerrazón del gobierno a permitir un referéndum, ciega todas las vías de una solución política en Cataluña pactada con el Estado, y entrega todo el protagonismo a la acción unilateral del independentismo que, como es previsible, irá en aumento.

¿Cómo se ha llegado a esta situación límite en Cataluña? El origen está en la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 sobre el Estatut d'Autonomia de Catalunya, todo un "golpe de Estado" (ese sí) que destruyó el autogobierno de Cataluña y por extensión el Estado de las Autonomías: otra hazaña de Aznar, el mismo que ponía los pies sobre la mesa del rancho de Texas. De manera que el Estado impuso a Cataluña el Estatut que le dio la gana, eso sí, con la esperanza de que los catalanes tragáramos, porque al fin y al cabo para algunos hooligans de la política como el supracitado, lo mismo da Julio César que Julián Cerezas y Estado de las Autonomías que Estado unitario, pero no fue así. Los catalanes nos negamos a aceptar este retroceso a una situación preconstitucional y a un Estado centralista de hecho: o hay autogobierno como es debido en Cataluña, o habrá conflicto. Creo sinceramente que a todos, tanto españoles como catalanes, nos conviene la primera opción, lo cual implica buscar soluciones políticas al conflicto, que las hay, y dejarse de represión judicial, guardias civiles, y lo que es peor, calificar a los catalanes de "radicales", según Rajoy Brey: ya sólo nos faltaba a los catalanes que el gobierno, este gobierno además, nos insulte. Ahora bien, si el gobierno del PP no mueve un dedo para abrir una vía política, entonces habremos de concluir que lo que le interesa al PP es precisamente el conflicto (véase el post "Nerón en La Moncloa"). Muy mal asunto. Y si encima ese gobierno incompetente e irresponsable es apoyado por los mariachis del PSOE y C's, el nuevo "Frente Nacional", tenemos el desastre garantizado.

Seguiremos, pues, en la misma dinámica de pesadilla desde que Rajoy Brey ocupó La Moncloa, es decir, una dinámica de feedback entre el gobierno pirómano del PP y el independentismo en Cataluña: el PP alimenta el independentismo catalán (este se ha más que duplicado de manera espectacular desde un 20 % al 47 % actual en solo seis años de gobierno del PP, y de seguir así no es ninguna broma que pueda llegar al 70 %), y el independentismo catalán alimenta al PP, el anticatalanismo y el ultranacionalismo español, y en última instancia al Estado predemocrático y autoritario que es a donde pretende llevarnos la derecha (sin excluir a la derecha catalana, que es tanto o más derecha que la española, aunque ahora se envuelva en la bandera catalana). Una dinámica infernal de extrema pesadilla.

Nota bene para energúmenos patrios, que siempre hay alguno.—Si alguien cree que la "mano dura" es la única solución al conflicto de Cataluña, como si Cataluña fuera la última colonia africana, debería pedir cita a un médico alienista.

https://www.republica.com/2017/09/08/la-vineta-indefinicion/

Lecturas recomendadas
- Javier Pérez Royo, Condición sine qua non (11-9-2017)
 

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